El remero de Xochimilco

Christian David es remero. Se pasa los días hundiendo una larga vara de pino en el fondo de los canales de Xochimilco en México para que el impulso permita navegar la trajinera en la que transporta a los visitantes.

En 1987 la Unesco declaró como Patrimonio Cultural de la Humanidad las chinampas de Xochimilco, un sistema de cultivo a base de islas artificiales. Interesados por el histórico lugar, a los embarcaderos empiezan a llegar turistas desde la mañana en busca de pasear por los canales a bordo de decenas de trajineras, mientras escuchan mariachi u otra música típica, y prueban uno que otro plato criollo. Las labores suelen terminar entrada la noche.

Christian  tiene 24 años. Es un muchacho de poco hablar, de pelo negro y piel tostada por el sol. Trabaja como remero desde los ocho, cuando su padre lo introdujo. El oficio es algo familiar, tiene tíos y primos haciendo lo mismo. Vive de la paga y de las propinas. Escrito en su trajinera, pide al turista al menos 150 pesos mexicanos de gratificación.

Christian mientras rema. Foto: Mariela Mejía
Christian mientras rema.
Foto: Mariela Mejía

A pesar de la vara que empuña una y otra vez para mover la embarcación, pintada de vistosos colores, se mira sus manos y dice que no están callosas. Asegura que no se cansa, no obstante haber pasado casi dos horas remando en la balsa en que completé mi paseo. “Pues ya es maña”, dice.

Mediante compañeros intermediarios u otras vías, los turistas llegan a la trajinera de Gabriel. “Hay chavos que traen sus gafetes y están en distintos puntos de entradas a Xochimilco y ahí esperan al turista que viene aquí a pasear”, explica.

Aunque su trabajo le requiere horas de pie y fuerza física, Gabriel sonríe cuando le pregunto qué opina de su labor. “Pues es bonito, ¿no? Es algo tradicional, de siempre”, responde. Lo que más lo satisface: “Que se vayan bien los clientes, con una buena impresión de Xochimilco”.

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