Nathanael Grandgerard trabaja expuesto a microorganismos y esporas de hongos. No, no es científico, sino archivista, conservador y restaurador de documentos. Desde que se dedica a esto a partir del 2008, ha trabajado cientos de miles de materiales, desde artículos sueltos del siglo XVI, libros históricos, periódicos de ediciones centenarias, fotografías y planos.
“Uno de mis proyectos favoritos, que pude realizar en un cien por ciento, fue sobre libros de bautismo, defunciones y matrimonios pertenecientes al Arzobispado de Santo Domingo. Además, como punto extra, pude ver el acta de nacimiento de Juan Pablo Duarte (Padre de la Patria de República Dominicana)”, me cuenta Nathanael.

Aunque es un joven de 27 años, desde hace seis años «vive en el pasado», cuando empezó a laborar en el Archivo General de la Nación en Santo Domingo. “Me gusta la documentación antigua, especialmente los registros; hay mucha información sobre cómo era la forma en que las personas se manejaban en aquellas épocas y que ha perdurado a través del tiempo”, me comenta.
Irónicamente, aunque es alérgico al polvillo y al calor, Nathanael no se ha enfermado por efectos directos de estar encerrado entre miles de archivos. Una bata de laboratorio, guantes, mascarillas y lentes de seguridad componen la indumentaria de faena que en ocasiones debe utilizar.
Restaurar y conservar un documento puede tomarle días o meses, dependiendo de la antigüedad o nivel de deterioro del material. Aunque me dice que le encanta su trabajo, hasta hace seis años no sabía en qué consistía ni a qué se iba a dedicar.
Tras permanecer inmerso en documentos viejos, ascender a ser encargado de toda un área de Conservación y Restauración de Documentos, y llegar a ser archivista en una institución privada, hoy día se dice a sí mismo: “Estoy salvando la herencia que me ha dejado mi país con mis propias manos”.


Un comentario en “El guardián del pasado”