El mesero de los mares

Me encontraba a Cyril sirviendo en el desayuno, en el almuerzo y en la cena. Llegué a preguntarme si alguna vez paraba de trabajar. Él, sus compatriotas filipinos y de muchas otras nacionalidades que trabajan en aquel crucero, me parecían «robots» imparables que atienden a los 2,980 pasajeros que caben en la enorme embarcación.

Una tarde, cuando limpiaba unas mesas vestido con camisa azul celeste de mangas cortas, pantalones caqui a la rodilla, medias deportivas y tenis, conversé con Cyril Cornel. Me contó que tiene 15 años trabajando en cruceros. Estudió Contabilidad, pero ganaría menos dinero como empleado de un banco filipino que en el barco.

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Crucero «Carnival Glory», donde Cyril trabaja como mesero.|Foto: Mariela Mejía

La rutina de Cyril consiste en trabajar por aproximadamente siete meses en el crucero, unas 11 horas diarias, los siete días de la semana, con la posibilidad de desmontarse en uno de los puertos visitados en cada itinerario y tener un almuerzo en tierra. Así recarga energías y despeja su mente.

Le pregunté cómo se hace con la familia. Me respondió que su esposa también trabaja en el barco. A veces no se ven en todo el día pues ella labora en otra área. ¿Y qué haces en los meses que tienes libres?, le cuestioné. Con una sonrisa me dijo que se pasa el día durmiendo. También toma alguno que otro entrenamiento sobre las operaciones en el crucero.

Desde la ventana más próxima a la mesa donde me encontraba almorzando, divisaba las aguas profundas de un imponente mar azul oscuro, mientras navegábamos desde Cozumel hacia Miami. Pensé si soportaría durar tanto tiempo en un barco como Cyril, flotando a bordo de una nave en la que cada semana los huéspedes son distintos.

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Cyril limpia una mesa de un restaurante del crucero.|Foto: Mariela Mejía

Cyril es parte de los 1,150 miembros de la tripulación que acoge el crucero en el que recorrí el noroeste del Caribe. Distintos idiomas, culturas y características físicas se entremezclaban con la multiculturalidad de los vacacionistas.

¿Volveré a ver a Ciryl? Quizás. Me contó que ha llegado al puerto de cruceros de Puerto Plata, en la costa norte de mi país, la República Dominicana. Allí se desmontó y visitó a unos amigos. Luego partió a servir.


*Lo que más me gusta de mi trabajo:  Lo primero, el dinero que se gana -cuyo monto no especificó-. Lo segundo, viajar gratis por el mundo y conocer a mucha gente.

*Lo que menos me gusta de mi trabajo: Prefirió no comentarlo para preservar su empleo.

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