El empleado del volcán

Kevin Morales vive en la falda de un volcán. Como guía turístico, sube y baja hasta tres veces al día el trayecto empinado de una hora hacia el Pacaya, uno de los volcanes activos en Guatemala. Su piel luce tostada por andar tanto bajo el sol.

Comenzó a trabajar con los turistas desde que era un niño. Les vendía palos finos de madera para que los usaran como bastones en el camino. Ya adolescente, su padre —también un guía— le compró un caballo con el que “ascendió” de puesto. Rentaba el animal a los turistas que preferían llegar al volcán montados en uno.

Cuando llegó a la mayoría de edad, pasó a ser guía, un oficio que ejerce a sus 32 años y con el que mantiene a sus dos hijas y su esposa. Hay temporadas activas en las que trabaja los siete días de la semana.

Pero ya los años subiendo y bajando le están pasando factura a Kevin. “Tengo una rodilla que me duele un poco, y como a veces juego fútbol… es mucha carga para mis rodillas, pero por el momento estoy bien”, dice.

Pero eso es lo de menos por el momento. Lo más grande es que el volcán al que lleva a los turistas vuelva a hacer erupción. Kevin recuerda que lo hizo en el 2010, 2014 y del 2018 al 2021.

No se le olvida la del 27 de mayo del 2010, a las 6:30 de la tarde. Las rocas y demás materiales que expulsó el volcán cayeron sobre los moradores en su falda, quienes tuvieron que refugiarse donde pudieron. Murió un periodista que estaba en el lugar.

A pesar del peligro que acecha, a Kevin le gusta su trabajo. “Trato de hacerlo cada día mejor”, dice orgulloso. “Me visualizo en este trabajo toda la vida”.


Lo mejor y lo peor

  • Lo mejor de mi trabajo: “No tengo que viajar para trabajar. A veces gano bastante y solo trabajo medio día”.
  • Lo peor de mi trabajo: “Cuando es temporada de lluvias, porque es temporada baja. En esta hacemos uno o dos viajes a la semana, y para mantener a mi familia y ahorrar un poco, tengo que ganar dinero todos los días”.


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