El guía indígena

A aproximadamente una hora de la Ciudad de Panamá esperan en un embarcadero dos hombres apenas vestidos con unas diminutas faldas hechas con chaquiras multicolores, y unas bandas entrelazadas entre su pecho y espalda. En unas largas y estrechas canoas, nos transportan por el río Chagres. Al poco tiempo, nos desmontan. Uno de ellos, Gerardo Isabare, nos adentra por el bosque húmedo hasta llegar a una cascada.

Miro a Gerardo, ataviado con su escaso atuendo y algunos dibujos pintados en su cuerpo, y pienso: al fin conocí indígenas como él en pleno siglo XXI.

Él y los demás indígenas emberá de la aldea Tusipono provienen de un grupo que emigró desde el Darién entre las décadas de 1950-1970 para estar más cerca de la ciudad y así tener mejor acceso a alimentos. Pero, en 1984, el Gobierno panameño declaró como parque nacional el territorio donde se asentaron y ahora, para subsistir, viven del turismo.

Gerardo, con 16 años, trabaja desde los 15 como guía turístico en las mañanas y por las tardes va a la escuela. Cuando los turistas llegan a la comunidad, él también forma parte del grupo de músicos que ameniza la estadía. Habla el dialecto de los emberá, español y un poquito de inglés.

«A veces los sábados y domingos nos vamos a la comunidad más arriba, donde hay una cancha de fútbol, y ahí nos pasamos la tarde», me cuenta.

Como los demás de la comunidad, vive sin electricidad, en una casita tipo choza, sin distracciones continuas del internet, alimentándose mayormente de lo que pescan en el río y de lo poco que pueden cultivar o conseguir desde el exterior. Cuando sale de su territorio, se viste con ropa convencional: pantalón, camisa y zapatos. Pero no prefiere esa combinación, le parece calurosa.

De vez en cuando Gerardo sale de la comunidad para visitar a su madre, pero la ciudad aún no lo convence para quedarse.

¿Por qué prefieres vivir sin las comodidades modernas?, le pregunto como toda una milenial. «Porque aquí es más tranquilo, no hay tanta bulla… Sabes que uno no está acostumbrado a eso, uno está acá tranquilo, solo escucha los pajaritos cantando en la mañana», responde.

Gerardo me cuenta que en la escuela pudo crear una cuenta en Facebook pero no es muy activo en la red. Explica que en la comunidad hay un botánico que conoce las propiedades de las plantas medicinales y las aplica en los enfermos. También se usa el cepo como castigo y el cargo de cacique aún tiene preponderancia. Pero todavía no sabe si cuando sea mayor decidirá irse o quedarse en la aldea. Lo que le gusta, por el momento, es vivir de una forma rústica y con la naturaleza de entorno.

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